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Vacaciones para todos, padres e hijos

Cuántas veces no habremos escuchado a padres comentando entre ellos “qué ganas tengo que vuelvan al colegio”, mientras los hijos corren, brincan, saltan y se ríen sin parecer agotarse nunca. Y es que las vacaciones, estas semanas con las que soñamos tanto todo el año, no siempre son fáciles de gestionar.

Las rutinas que tanto cuesta mantener durante el curso desaparecen, los horarios brillan por su ausencia, las obligaciones parecen haberse acabado.

Pero…

¿Cómo nos organizamos? Es importante que los niños se relajen y disfruten… pero también las madres y los padres deben poder descansar.

¿Cómo planificamos el tiempo? No se puede dejar todo al aire ni improvisarlo todo. Hay que tomar decisiones de qué hacer, consensuarlas, gestionarlas

¿Cómo acordamos qué actividades son más importantes hacer? Si dejamos que escojan los pequeños, es fácil que nos olvidemos de cualquier actividad más educativa en todas las vacaciones, y quizás esto tampoco sea la mejor idea…

A pesar de todas las dudas que se puedan tener, lo más importante, lo que resulta verdaderamente imprescindible, es ser consciente que las vacaciones significan más tiempo y que hay que querer aprovecharlo para disfrutar.

Y si lo quieres, sabrás hacerlo. Aquí algunos consejos:

Las vacaciones de los pequeños…

Los niños, al igual que los adultos, deben poder disfrutar de su tiempo libre. No es necesario obligarlos a pasar largas horas cada día haciendo deberes, cuadernillos de verano, leer o hacer dictados, basta con procurar escoger actividades lúdicas que cubran aspectos educativos, así como actividades que no puedan realizarse durante el resto del año y que, por lo tanto, representen un aprendizaje nuevo.

Nosotros somos los adultos, pero los niños también deben poder a la hora de planificar las vacaciones. Tener en cuenta su opinión será una manera de responsabilizarlos; y de allí podemos pasar a que vayan participando de otras pequeñas responsabilidades (que ayuden en casa, que hagan algunas tareas domésticas, siempre en función de su edad y de sus posibilidades, etc.).

… y las vacaciones de los no tan pequeños

El ‘estrés vacacional existe y no es poca cosa. De hecho, puede ser un verdadero problema con consecuencias que pueden complicarnos la vida. Insomnio, ansiedad o irritabilidad son algunos de sus síntomas.

Se trata de una dolencia más propia de los adultos y no hay una receta mágica para evitarla. Aun así, sí que podemos tener en cuenta alguna premisa básica: debemos ajustar las expectativas. Ser realistas, no caer en utopías ni creer que en vacaciones todo el mundo sonríe todo el rato.

En verano también surgen problemas e imprevistos (de hecho, de imprevistos pueden llegar a surgir muchos y hay que tomárselos con alegría), y en verano también hay momentos complicados o que no son como habías pensado. Si tienes en cuenta esto, reducirás el nivel de frustración y mejorarás tu humor.

Y aunque planificar pueda resultar cansado porque nos pasamos el año planificándolo todo, otra premisa para evitar el estrés vacacional es, precisamente, la planificación. No dejar las cosas para el último momento evita discusiones. Esto es así. Preguntémosle a cualquier madre o padre que haya intentado preparar las maletas justo antes de salir con los niños en casa.

Otro factor a tener en cuenta, en lo referente a las vacaciones en familia, es la convivencia con otra gente. Los abuelos, amigos, primos… Cada uno está acostumbrado a hacer las cosas a su manera en su casa y, en vacaciones y con otra gente, todo cambia. Las reglas cambian. Tú no les dabas refrescos a tus hijos y tu hermana sí les deja tomar a los suyos; tú quieres que hagan la siesta y tu padre se los lleva a la playa… Los mayores roces vienen provocados por situaciones como éstas.

Evitar todo este tipo de discusiones sin importancia pero que desgastan muchísimo es clave. Y una manera de evitarlas es asumiendo esto, que durante unos días las reglas de casa cambian y que quizá no queda otra que adaptarse.

Quién sabe. Quizás primero te adaptas y luego terminas relajándote y aprovechando que se han ido a la playa para ser tú quien haga la siesta debajo de un árbol.

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