La influencia positiva del ejercicio sobre nuestro cuerpo y nuestra mente.
Es sabido que la práctica regular de deporte tiene innumerables beneficios sobre nuestro bienestar. Aunque su efecto suele asociarse a la salud física y no a la mental, se ha demostrado que el ejercicio aeróbico incide positivamente en lo que se conoce como nuestra reserva cognitiva, o la resistencia frente a los cambios cerebrales fisiológicos relacionados con la edad o alguna patología. De ahí, por ejemplo, que ciertas enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o trastornos psicológicos como la depresión reduzcan sus síntomas si la persona afectada realiza una actividad física sostenida.
Mejorar la infraestructura neuronal.
En 2011, Erickson y su equipo llevaron a cabo un estudio sobre personas mayores donde se probó que un entrenamiento aeróbico de intensidad moderada, practicado durante un año tres veces por semana, les había hecho aumentar un 2% el volumen del hipocampo. Ello significa:
1) Incrementar la memoria espacial.
2) Elevar los niveles de la proteína BDNF, cuya influencia sobre nuestro cerebro es muy significativa, porque:
–Mejora la plasticidad sináptica, es decir, fortalece las conexiones neuronales que garantizan el aprendizaje.
–Potencia la neurogénesis (el proceso de formación de nuevas neuronas), importante para producir recuerdos o facilitar los procesos cognitivos.
–Favorece la vascularidad cerebral, de forma que las neuronas reciben más sangre y, con ello, una serie de nutrientes que mejoran su funcionamiento.
También intervienen en este proceso otros factores de crecimiento como el IGF-1 o el VEGF, estrechamente ligados a la neurogénesis.
Hacer «running» sin que nuestra mente nos distraiga.
Los corredores habituales suelen preguntarse cómo desconectar mentalmente mientras hacen «running». ¿En qué pueden concentrarse? ¿En la música de un reproductor de audio? ¿En los pensamientos que les llegan? ¿En lo que ven? Correr con una mente indisciplinada implica:
–Activar mecanismos de ansiedad («¿Cuánto falta para llegar?»).
–Notar interferencias de ideas y/o emociones (preocupaciones, tareas pendientes, etc.).
–Cansarse más pronto.
Para evitarlo, ya hace algún tiempo que algunos competidores de élite (como Tim Olson, dos veces ganador de la Western States) aplican la técnica del «mindfulness» a la actividad de correr.
¿Qué es el «mindfulness»?
Es un entrenamiento mental que propicia estar presentes en todo momento con plena consciencia y aceptación. Se trata de concentrarse y meditar para que la propia mente potencie su firmeza y fortaleza, así como su capacidad de adaptarse y ser flexible y su amabilidad.
La investigación científica ha constatado que el «mindfulness» impacta en las redes neuronales del cerebro y genera en ellas unas conexiones distintas a las habituales que, básicamente, incrementan la atención selectiva y receptiva, la interocepción (sensaciones del cuerpo) y el manejo efectivo de la ansiedad y los pensamientos negativos. Por tanto, el «mindfulness» facilita un estado mental estable y equilibrado. La mente que cultiva el «mindfulness» es idónea para un deportista, pues su objetivo es que dejemos de analizar y juzgar cuanto ocurre y simplemente lo aceptemos.
El «mindfulness» aplicado al «running»
Un estudio sobre varios corredores de larga distancia realizado en 2010 por los investigadores Lutkenhouse, Gardner y Moore probó que, tras llevar a cabo un programa de «mindfulness» adaptado a deportistas, no sólo habían disfrutado más durante la competición, sino que también habían disminuido sus tiempos.
El «mindfulness running» nos enseña a obviar todo aquello que llega a nuestra mente, incluso el cansancio y el dolor físico (siempre que este último no esté asociado, por supuesto, a una lesión en ciernes o a un problema corporal). Para ello nos hace focalizarnos en:
–Cualquier aspecto del acto de correr (técnica y movimientos del cuerpo, sonidos u olores del entorno…), con lo que prestamos atención al «running» en sí y mejoramos nuestro rendimiento.
–Las sensaciones corporales (respiración, latidos, sudoración…), con lo que conocemos mejor nuestro cuerpo y alcanzamos un nivel de activación óptimo, ni demasiado tenso ni demasiado relajado, que hace más eficaz nuestro esfuerzo.
Correr para una vida plena
El escritor japonés Haruki Murakami, en su ensayo De qué hablo cuando hablo de correr (2007), reflexiona sobre las satisfacciones que le han reportado practicar el «running» y participar en maratones y ultramaratones. Y condensa en la siguiente frase el espíritu que anima a cualquier «mindful runner»: «No importa si no vivo mucho; pero, mientras viva, quiero al menos que esa vida sea plena».
